Page 181 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Morlocks: después de medio millón de años de
continua perfección tecnológica, el Morlock se
confiaba sin dudarlo a sus máquinas, porque sus
máquinas nunca le fallaban.
¡Pero yo, pensé, no soy un Morlock!
Sin embargo, poco a poco mi ánimo se calmó.
Dejando de lado el lento giro de la cápsula, que siguió
durante todo el viaje hasta la Tierra, las horas
pasaban en quietud y silencio, que sólo quedaban
rotos por los silbidos de la respiración de mi
compañero Morlock. El vehículo era tolerablemente
cálido, por lo que me encontraba físicamente
confortable. Las paredes estaban hechas con el
material del Suelo, y, al toque de Nebogipfel, nos
proveían de comida, bebidas y otras necesidades,
aunque la selección era más limitada que en la Esfera,
que poseía una Memoria mucho mayor que la
cápsula.
Por tanto, navegamos a través de la gran catedral del
espacio interplanetario con mucha facilidad.
Comencé a sentirme como si no tuviese cuerpo, y se
apoderó de mí una sensación de independencia y
despreocupación. No era como un viaje, ni siquiera
—después de las primeras horas— como una
pesadilla; más bien, me sentí como si durmiese.
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