Page 25 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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no había visto en el mundo superior ninguna prueba


           de que pudiese encontrar materiales ni para reparar


           un  tornillo.  Por  supuesto,  los  Morlocks  habían


           conservado algunas habilidades mecánicas, pero no


           me  apetecía  la  perspectiva  de  verme  obligado  a


           negociar con aquellos pálidos gusanos por un par de


           pernos.



           Encontré la Kodak, y desenterré el flash. La cámara


           estaba  cargada  con  un  rollo  de  cien  negativos.


           Recordé  lo  cara  que  me  había  parecido  cuando  la


           compré (no menos de veinticinco dólares, adquirida


           en  un  viaje  a  Nueva  York),  pero  si  volvía  con


           imágenes del futuro cada uno de los negativos, de


           cinco centímetros, valdría más que la más hermosa



           de las pinturas.


           Finalmente,  me  pregunté:  ¿estoy  preparado?  Pedí


           consejo  a  la  pobre  Mrs.  Watchets,  aunque  no  le


           revelé,  por  supuesto,  adónde  pretendía  viajar.  La


           buena  mujer  (impasible,  honrada,  normal,  y  sin


           embargo  de  corazón  fiel  a  imperturbable)  echó  un


           vistazo al interior de la mochila, llena a reventar, y


           alzó una formidable ceja. Luego fue a mi laboratorio


           y volvió con ropa interior y calcetines limpios, y —¡la



           hubiese besado!— mi pipa, limpiadores y un bote de


           tabaco.


           De esta forma, con mi combinación normal de febril


           impaciencia e inteligencia superficial —y con infinita


                                                                                                               25
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