Page 32 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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dos décadas atrás, un desconocido había llamado a


           mi puerta y me la había dado. «Plattner», la llamó.


           Era un tipo corpulento, varios años mayor que yo,


           con una extraña y amplia cabeza gris, a iba vestido


           con  colores  de  selva.  Me  dio  instrucciones  para


           estudiar la potente sustancia que me había entregado


           en  un  frasco  de  medicamento.  Bien,  aquello  había



           permanecido  sin  investigar  en  un  estante  durante


           más  de  un  año,  mientras  me  dedicaba  a  hacer


           progresos  en  trabajos  más  importantes.  Pero


           finalmente, una tarde aburrida de domingo, cogí el


           frasco...


           ¡Y  lo  que  descubrí,  finalmente,  me  había  llevado  a


           eso!



           Era la plattnerita, sumergida en barras de cuarzo, lo


           que  impulsaba  la  Máquina  del  Tiempo,  y  hacía


           posible sus hazañas. Pero me halaga pensar que fue


           necesaria  mi  particular  combinación  de  análisis  e


           imaginación  para  descubrir  y  explotar  las


           propiedades de esa sustancia sorprendente, en una


           situación  en  la  que  hombres  menos  capacitados


           hubiesen fracasado.


           Había vacilado a la hora de publicar mis trabajos, ya



           que  se  trataba  de  un  campo  extravagante,  sin


           verificación  experimental.  Me  prometí  a  mí  mismo


           que  en  cuanto  volviese,  con  especimenes  y


           fotografías, redactaría mis estudios para Philosophical


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