Page 31 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Morlocks,  pero  había  vuelto  el  mismo  día  de  la


           partida.


           Dejé  la  mochila  y  la  cámara  en  el  suelo  del


           laboratorio, y colgué el sombrero en la puerta. Como


           recordaba que los Morlocks habían jugueteado con la


           máquina, me dediqué a repasarla. No me preocupé


           en  limpiar  las  manchas  marrones  y  los  trozos  de



           hierba y moho que todavía se adherían a los carriles


           de la máquina; nunca me ha preocupado el aspecto


           exterior. Pero uno de los carriles estaba doblado; lo


           enderecé, comprobé los tornillos y engrasé las barras


           de cuarzo.


           Mientras trabajaba, recordé el pánico vergonzoso que


           experimenté  al  descubrir  que  había  perdido  la



           máquina a manos de los Morlocks, y sentí un súbito


           afecto por la cosa. La máquina era una caja abierta de


           níquel,  cobre  y  cuarzo,  ébano  y  marfil,  bastante


           elaborada (quizá como los mecanismos internos de


           un  reloj  de  iglesia)  y  con  un  asiento  de  bicicleta


           incongruentemente  colocado  en  medio.  Cuarzo  y


           cristal de roca, bañados en plattnerita, brillaban en la


           estructura, dando al conjunto un cierto aspecto irreal


           y raro.



           Por supuesto, nada de eso hubiese sido posible sin las


           propiedades  de  la  extraña  sustancia  denominada


           plattnerita.  Recuerdo  la  noche  en  que  llegó  por


           casualidad a mis manos una muestra de ese material:


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