Page 33 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Transactions; sería un famoso complemento a los
diecisiete artículos sobre la física de la luz que ya
había publicado allí. Sería divertido, se me ocurrió,
ponerle un título anodino como «Algunas
especulaciones sobre las anómalas propiedades
cronológicas del mineral plattnerita», y enterrar en
medio la revelación impactante de la existencia del
viaje en el tiempo.
Finalmente acabé. Me volví a poner el sombrero
sobre los ojos, recogí la mochila y la cámara y las
coloqué bajo el asiento. Luego, sin pensarlo, fui a la
chimenea del laboratorio y cogí el atizador. Sopesé su
masa (¡pensaba que podría serme útil!) y lo coloqué
en la estructura de la máquina.
Me senté en el asiento, y apoyé la mano en la palanca
blanca. La máquina tembló como el animal del
tiempo en el que se había convertido.
Miré el laboratorio, su realidad terrena, y me
sorprendió hasta qué punto estábamos ambos fuera
de lugar, yo con mi ropa de explorador aficionado y
la máquina por su aspecto extraterreno y por las
manchas y rasguños del futuro, aunque los dos
éramos, en cierta forma, hijos de ese lugar. Sentí la
tentación de quedarme un poco más rezagado. ¿Qué
daño podía hacer el pasar otro día, semana o año allí,
inmerso en mi cómodo siglo? Podría recuperar
fuerzas —y curar mis heridas. ¿Estaba
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