Page 34 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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precipitándome  una  vez  más  en  aquella  nueva


           aventura?


           Oí pasos en el corredor de la casa y vi que accionaban


           el picaporte. Debía de ser el Escritor que entraba en


           el laboratorio.


           De pronto, tomé la decisión. Mi valor no crecería con


           el paso del tiempo aburrido y moroso del siglo XIX;



           y además, ya había dicho todos los adioses que me


           preocupaban.


           Empujé  la  palanca  hasta  el  fondo.  Tuve  la  extraña


           sensación  de  girar  que  se  produce  en  los  primeros


           instantes  del  viaje  en  el  tiempo,  y  luego  vino  la


           sensación  de  caer  de  cabeza.  Creo  que  solté  una


           exclamación al experimentar de nuevo esa incómoda



           sensación. Me pareció oír un golpe de vidrio: quizás


           una  ventana  del  techo  que  había  estallado  por  el


           desplazamiento  del  aire.  Y,  durante  un  breve


           fragmento de segundo, le vi en el quicio de la puerta:


           el Escritor, una figura fantasmal a indefinida, con una


           mano alzada hacia mí: ¡atrapado en el tiempo!


           Pero  desapareció,  barrido  a  la  invisibilidad  por  mi


           viaje.  Las  paredes  del  laboratorio  se  volvieron


           nebulosas a mi alrededor, y una vez más las inmensas



           alas de la noche y el día se agitaron alrededor de mi


           cabeza.








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