Page 42 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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equinoccios y demás— de la misma forma que, en
1891, todos los periódicos imprimen las fiestas de la
Iglesia Cristiana.
Por otra parte, si el ciclo de las estaciones se considera
unidad fundamental, entonces deberíamos inventar
un Nuevo Día que fuese una fracción exacta —
digamos una centésima— de un año. Eso significaría
que nuestro periodo de oscuridad y luz, de sueño y
vigilia, caería en momentos diferentes cada Nuevo
Día. Pero ¿y qué? Argumentaba que ya muchas
ciudades modernas operan las veinticuatro horas. Y
por lo que se refiere al lado humano, bastaría con
llevar un diario; con la ayuda de registros adecuados
uno podría planear sus momentos de sueño y vigilia
con unos Nuevos Días de antelación.
Finalmente propuse que deberíamos mirar hacia
delante, cuando la conciencia del hombre se liberase
de su foco decimonónico en el aquí‐y‐ahora, y
considerásemos cómo podrían ser las cosas cuando
nuestro pensamiento se ocupara de decenas de
milenios. Imaginaba un nuevo Calendario
Cosmológico, basado en la precesión de los
equinoccios —la inclinación lenta del eje de nuestro
planeta bajo la influencia gravitatoria del Sol y la
Luna—, un ciclo que tarda veinte milenios en
completarse. Con un Gran Año de ese tipo
podríamos medir nuestro destino en términos
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