Page 44 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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había sido derribada, a la intemperie a un lado de la
colina. El rellano de Richmond Hill se levantaba a mis
espaldas; una masa incrustada en el tiempo
geológico. Los árboles florecían y se convertían en
tocones en cuanto sus vidas de siglos transcurrían en
unos pocos latidos de mi corazón. El Támesis se había
convertido en un cinturón de luz argentina,
suavizado por mi paso a través del tiempo, y
labrábase un nuevo cauce: parecía retorcerse por el
paisaje como un gusano inmenso y paciente. Nuevas
edificaciones se elevaban impetuosas: algunas
incluso estallaban a mi alrededor, allí donde se había
levantado mi casa. Aquellos edificios me
sorprendieron por sus dimensiones y gracia. El
puente de Richmond de mis días había desaparecido
hacía tiempo, pero vi un nuevo arco, quizá de una
milla de longitud, que formaba un lazo, sin ningún
soporte, en el aire y a través del Támesis; y había
torres disparadas al cielo inconstante, soportando
masas inmensas en sus gargantas esbeltas. Consideré
la idea de utilizar la Kodak a intentar fotografiar
aquellos fantasmas, pero sabía que los espectros
carecían de luz suficiente, difuminados como estaban
por el viaje en el tiempo. Las tecnologías
arquitectónicas que allí vi me parecían tan alejadas de
las posibilidades del siglo diecinueve como remota
era una catedral gótica para los romanos o los
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