Page 43 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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precisos  y  sin  ambigüedades,  por  ahora  y  para


           siempre.


           Rectificaciones de ese tipo, decía, tendrían un valor


           simbólico  más  importante  que  el  práctico:  sería  la


           forma perfecta de celebrar la llegada del nuevo siglo,


           ya  que  serviría  para  anunciar  a  todos  los  hombres


           que una nueva Era de Pensamiento Científico había



           comenzado.


           No  tengo  que  decir  que  mis  contribuciones  fueron


           ignoradas,  si  exceptuamos  una  respuesta  obscena,


           que  decidí  ignorar,  en  una  sección  de  la  prensa


           popular.


           De cualquier forma, después de eso abandoné todo


           intento de construir medidores cronométricos sujetos



           al calendario, y opté por contar simplemente los días.


           Siempre he sido bueno con los números, y no me era


           difícil  convertir  mentalmente  el  recuento  de  días  a


           años. En mi primera expedición, había viajado al día


           292.495.934,  que  —ajustando  los  años  bisiestos—


           resultaba  ser  el  año  802.701  después  de  Cristo.


           Nuevamente  debía  viajar  por  tanto  hasta  que  los


           indicadores  señalasen  el  día  292.495.940:  ¡el  día


           exacto en que había perdido a Weena, y gran parte de



           mi autoestima, entre la llamas del bosque!


           Mi casa había estado situada en una hilera de terrazas


           situada en Petersham Road, la parte bajo Hill Rise,


           por encima del río. Me encontré, una vez que la casa


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