Page 45 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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griegos.  Con  seguridad,  supuse,  en  ese  futuro  el


           hombre  habría  ganado  algo  de  libertad  frente  al


           inexorable tirón de la gravedad; ¿de qué otra forma


           podrían haberse elevado esas formas contra el cielo?


           Pero no tardó el gran arco del Támesis en mancharse


           de marrón y verde, los colores de la vida destructiva


           a  irreverente,  y  —en  lo  que  me  pareció  un



           parpadeo—  el  arco  se  desplomó  por  su  centro,


           convirtiéndose  en  dos  troncos  a  cada  orilla.  Como


           toda  obra  humana,  comprendí,  incluso  aquellas


           estructuras  colosales  eran  quimeras  pasajeras,


           destinadas  a  la  caducidad  frente  a  la  paciencia


           inmemorial de la tierra.


           Me  sentí  extrañamente  ajeno  al  mundo,  un



           distanciamiento producido por el viaje en el tiempo.


           Recordé  la  curiosidad  y  la  emoción  que  sentí  al


           penetrar por primera vez por entre esos sueños de


           arquitecturas  futuras;  recordé  mi  breve  y  febril


           especulación  a  propósito  de  los  logros  de  aquella


           futura  raza  de  hombres.  Esta  vez  sabía  la  verdad;


           sabía  que  a  pesar  de  esos  logros  increíbles,  la


           humanidad  caería  inevitablemente,  bajo  la  presión


           inexorable  de  la  evolución,  en  la  decadencia  y  la



           degradación de Elois y Morlocks.


           Me  di  cuenta  de  lo  ignorantes  que  somos,  o  nos


           hacemos, las personas con el paso del tiempo. ¡Cuán


           breves son nuestras vidas!, y qué pequeños son los


                                                                                                               45
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