Page 497 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Me hundí en una profunda oscuridad sin
sueños.
Me despertó un fuerte zarandeo.
Me golpeé contra el suelo de la cabina. Tenía
algo blando bajo la cabeza, pero se desplazó,
y me golpeé el cráneo contra la esquina dura
de uno de los bancos. Aquella nueva lluvia
de dolor me devolvió la conciencia, y, con
desgana, me senté.
La cabeza me dolía por todas partes y sentía
el cuerpo como si hubiese sufrido un duro
combate de boxeo. Pero, paradójicamente,
me sentía con mejor humor. Todavía tenía la
muerte de Moses en la cabeza —un suceso
importante al que algún día tendría que
enfrentarme—, pero después de esos
momentos de bendita inconsciencia podía
mirar más allá, como uno puede apartarse
de la cegadora luz del sol y ver otras cosas.
La nebulosa mezcla perlífera de día y noche
todavía llenaba el interior del coche.
Sorprendentemente hacía frío; temblaba, y
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