Page 655 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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que no podía reconocerla. Se echó en nues‐


                  tros brazos con un suspiro, como de alivio.


                  Stubbins sentó a la mujer en el suelo con la


                  espalda  contra  un  tronco.  Musitó  torpes


                  palabras  cariñosas  mientras  realizaba  la


                  operación:


                  —No se preocupe... todo saldrá bien, yo la



                  cuidaré... —decía con voz ahogada.


                  Ella todavía llevaba los restos chamuscados


                  de la camisa cruzada y los pantalones caqui,


                  pero  el  conjunto  estaba  negro  y  roto;  sus


                  brazos                estaban                 muy               quemados,


                  especialmente la parte interior del antebra‐


                  zo. Tenía la cara chamuscada ——debía de



                  haber mirado la explosión—, pero había, lo


                  vi ahora, bandas de carne intacta en la boca


                  y los ojos, que estaban ilesas. Supuse que se


                  había  colocado  los  brazos  sobre  la  cara


                  cuando  se  había  producido  la  explosión,


                  dañando los antebrazos pero protegiéndose


                  parte del rostro.






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