Page 78 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Blandí el atizador y sentí el colapso suave y húmedo
de carne y huesos.
Los ojos rojo grisáceo se abrieron y se cerraron.
Me daba la impresión de verlo todo desde una parte
pequeña y remota del cerebro. Había olvidado mi
propósito de volver con pruebas de la existencia del
viaje en el tiempo, o incluso de encontrar a Weena:
sospeché en ese momento que aquélla era realmente
la razón por la que había vuelto a viajar en el tiempo,
por aquel momento de venganza: por Weena, y por
el asesinato de la Tierra, y por mi propia indignidad.
Dejé caer al Morlock—inconsciente o muerto, no era
más que un montón de pelos y huesos— y fui a por
sus compañeros, empuñando el atizador.
Entonces oí una voz —claramente de Morlock, pero
distinta a las otras en su tono y profundidad— que
emitió una sola sílaba imperativa. Me volví con los
brazos llenos de sangre, y me preparé para seguir
luchando.
Ante mí estaba un Morlock que no huía. A pesar de
estar desnudo como el resto, su cubierta de pelo
parecía peinada y cuidada, lo que le daba el aspecto
de un perro acicalado que se hubiese puesto en pie
como un hombre. Me adelanté con fuerza, con el
atizador firmemente agarrado entre las manos.
Con calma, el Morlock levantó la mano derecha —
algo centelleó en ella—, hubo un brillo verde y sentí
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