Page 82 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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la oscuridad circundante, pero no puede distinguir
nada, incluso protegiéndome los ojos. No podía ver
las paredes de la cámara. Golpeé con las manos
haciendo que las motas de polvo danzasen en el aire.
El sonido se redujo, pero no volvió ningún eco. O las
paredes estaban imposiblemente lejos o estaban
recubiertas con alguna sustancia absorbente; en
cualquier caso, no podía conocer la distancia.
No había ni rastro de la Máquina del Tiempo.
Sentí un terror profundo y peculiar: sobre la
superficie de vidrio me sentía desnudo y expuesto,
sin un sitio para protegerme ni una esquina para
hacerme fuerte.
Me acerqué a las bandejas. Miré los contenedores y
abrí las tapas:
había un gran cubo vacío y una taza con lo que
parecía agua clara. En el último plato había tabletas
del tamaño de puños que supuse sería comida, pero
comida convertida en trozos amarillos, verdes o
rojos, de forma que su origen era irreconocible. Palpé
la comida con un dedo: estaba fría y era suave,
parecida al queso. No había comido nada desde que
Mrs. Watchets me sirvió el desayuno; hacía ya
muchas horas frenéticas, y sentía ya una creciente
presión en mi vejiga: presión que, suponía, debía
aliviarse con el cubo. No veía razón por la que los
Morlocks habiéndome mantenido vivo todo este
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