Page 107 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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alfombra estrellada. Sus voces llenaban el lugar:
me inundaba su constante parloteo líquido, casi
oceánico, y muy alejado de los sonidos de una
garganta humana, y también lejos de la voz seca
que Nebogipfel se había acostumbrado a utilizar
en mi presencia.
Había una línea en el infinito, completamente recta
y un poco difuminada por el polvo y la niebla,
donde el Suelo se encontraba con el Techo. Y
aquella línea no mostraba el efecto de curvatura
que en ocasiones se puede apreciar cuando se
examina un océano. Es difícil describirlo —parece
que ese tipo de cosas están más allá de la
imaginación y sólo pueden ser experimentadas—,
pero en aquel momento, allí de pie, supe que no
estaba sobre la superficie de ningún planeta. No existía
un horizonte lejano tras el cual se escondían más
filas de Morlocks, como naves que se alejan en el
mar; sabía realmente que los contornos cerrados y
compactos de la Tierra estaban muy lejos. Mi
corazón se hundió y quedé anonadado.
Nebogipfel se acercó a mí. Se había quitado las
gafas, y me pareció que lo había hecho con alivio.
—Venga —me dijo amablemente—. ¿Tiene miedo?
Esto es lo que quería ver. Pasearemos. Y
seguiremos hablando.
Con grandes dudas —me fue muy duro dar un
paso al frente y alejarme de las paredes de la
inmensa celda— lo seguí.
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