Page 106 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Una  puerta  se  abrió  ante  nosotros  (no  se  echó


            hacia  atrás,  entiendan,  sino  más  bien,  la  pared


            pareció  dividirse,  como  el  diafragma  de  una

            cámara) y salimos.


            Me  quedé  boquiabierto  y  casi  vuelvo  atrás.


            Nebogipfel  me  observaba  con  su  calma  analítica


            habitual.

            Desde una habitación del tamaño de un mundo —


            una  habitación  que  tenía  una  alfombra  de


            estrellas—  millones  de  rostros  Morlock  se

            volvieron hacia mí.













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                             LOS MORLOCKS DE LA ESFERA





            Deben  intentar  imaginar  aquel  lugar:  una  única


            habitación inmensa, con una alfombra de estrellas

            y un complejo techo, y todo eso extendiéndose por


            siempre,  sin  paredes.  Era  un  lugar  de  negro  y


            plata,  sin  ningún  otro  color.  En  el  suelo  había

            divisiones que llegaban hasta la altura del pecho:


            no  había  áreas  cerradas,  en  ningún  lugar  había


            nada que pareciese una oficina o una casa.


            Y  había  Morlocks,  una  pálida  extensión  de  ellos,

            por  todo  el  suelo  transparente;  sus  caras  eran


            como grises copos de nieve desperdigados sobre la




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