Page 108 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Causé un gran efecto entre la población. Sus caras
pequeñas me rodeaban, con ojos grandes y sin
barbillas. Los evitaba al caminar, porque de nuevo
sentía temor de esas carnes frías. Algunos
intentaron tocarme con largos brazos cubiertos de
pelo. Podía oler algo en sus cuerpos, un olor dulce
y mustio que me era familiar. Muchos caminaban
erguidos como un hombre, aunque algunos
preferían caminar como un orangután, con los
nudillos rozando el Suelo. Bastantes llevaban
arreglado el pelo de la cabeza y la espalda,
algunos de la forma severa y recta de Nebogipfel,
y otros en estilos más decorativos y fluidos. Pero
había uno o dos que llevaban el pelo tan
desordenado y sucio como el de cualquier
Morlock que hubiera encontrado en el mundo de
Weena, y al principio pensé que aquellos
individuos eran salvajes, en medio de aquella
ciudad‐habitación; pero se comportaban tan bien
como los demás, y supuse que sus melenas sucias
no eran sino un signo de afectación, de la misma
forma que un hombre puede dejar que la barba le
crezca demasiado.
Me di cuenta que me cruzaba con los Morlocks a
mucha velocidad, mucho más rápido de lo que
mis pasos me permitían. Casi me caí al darme
cuenta. Miré abajo y no vi nada que distinguiese el
trozo de Suelo por el que me movía de cualquier
otro; pero sabía que debía encontrarme sobre
algún tipo de pavimento móvil.
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