Page 115 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Supongo que aquel par eran realmente Morlocks,
aunque completamente diferentes a cualquier
Morlock que hubiese visto antes. Nebogipfel tenía
algo menos de cinco pies de alto, pero aquellos
eran como caricaturas, ¡de una altura de quizá
doce pies! Una de las altas criaturas me vio y se
dirigió a mí con rapidez, haciendo sonar el
entablillado de metal de sus piernas al caminar;
pasó por encima de las divisiones como si fuese
una enorme gacela.
Se inclinó para mirarme. Sus ojos rojo grisáceo
eran tan grandes como platos soperos y me
acobardé ante su presencia. De olor penetrante,
como a almendras quemadas, tenía los brazos
largos y de aspecto frágil, y la piel aparecía como
tensada sobre el esqueleto: pude apreciar, bastante
bien a través de la piel, el perfil de una tibia de no
menos de cuatro pies de largo. Tenía en las piernas
entablillados de algún metal blando,
evidentemente, para ayudarle a soportar los saltos.
Esa bestia atenuada no parecía tener más folículos
que un Morlock medio, así que su pelo se repartía
sobre la piel de una forma muy desagradable.
Intercambió unas pocas sílabas líquidas con
Nebogipfel, luego se reunió con su compañero y
ambos —volviendo la vista hacia mí en muchas
ocasiones— siguieron su camino.
Sorprendido, me volví a Nebogipfel; incluso él
parecía un oasis de normalidad después de
aquella visión.
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