Page 114 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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misma cámara: pero se trataba de una cámara de
tamaño formidable. Y era, en sus generalidades,
homogénea, ya que en todas partes encontré la
misma alfombra de Morlocks enfrascados en sus
oscuras tareas. Sólo los problemas prácticos de tal
estructura ya eran sorprendentes. Consideré, por
ejemplo, el prosaico problema de mantener una
atmósfera consistente y estable, a temperatura,
presión y humedad homogéneas en un espacio tan
grande. Aun así, Nebogipfel me dio a entender
que aquella era sólo una cámara en una especie de
mosaico que cubría la Esfera de polo a polo.
Pronto comprendí que no había ciudades en
aquella Esfera, en el sentido moderno. La
población Morlock se había extendido por aquellas
inmensas cámaras, y no había un lugar fijo para
una actividad determinada. Si los Morlocks
querían utilizar un área de trabajo —o liberarla
para otra actividad— los aparatos necesarios
podían ser invocados del Suelo, o devueltos a él.
De tal forma, más que ciudades, había nodos de
población de mayor densidad; nodos que fluían y
migraban según fuese necesario.
Después de dormir abandoné el refugio y me senté
con las piernas cruzadas en el Suelo, bebiendo
agua. Nebogipfel permaneció de pie, sin fatiga
aparente. Vi que se nos acercaba una pareja de
Morlocks, cuya visión me hizo tragar un sorbo de
agua con demasiada rapidez; tosí y gotas de agua
me mojaron la chaqueta y los pantalones.
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