Page 113 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Aquel  pequeño  refugio  fue  mi  hogar  durante  los


            días siguientes, mientras continuaba mi recorrido


            por  la  ciudad—cámara  de  los  Morlocks  con

            Nebogipfel.  Cada  vez  que  me  levantaba,


            Nebogipfel  hacía  que  el  Suelo  absorbiese


            nuevamente el refugio, y lo invocaba nuevamente


            en cada lugar donde parábamos; ¡no teníamos que

            llevar  equipaje!  Ya  sabía  que  los  Morlocks  no


            dormían,  y  creo  que  mis  actividades  en  la  choza


            fueron la fuente de mucha fascinación por parte de

            los  nativos  de  la  Esfera  —supongo  que  de  la


            misma forma que las de un orangután atrapan el


            ojo  de  un  hombre  civilizado—,  e  intentaban


            rodearme  mientras  dormía,  acercando  sus  caras

            redondas.  Me  habría  sido  imposible  descansar  si


            Nebogipfel  no  hubiese  permanecido  a  mi  lado


            para evitar tales visitas.












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                         DE CÓMO VIVÍAN LOS MORLOCKS




            Durante todos los días que Nebogipfel me condujo


            por el mundo de los Morlocks nunca encontramos


            una  pared,  una  puerta  o  cualquier  otra  barrera

            significativa.                  Tal          y        como              me          parecía,


            permanecimos —durante todo el tiempo— en una




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