Page 141 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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—En ese caso, me gustaría que me llevase a un
lugar, dentro de este sistema solar rediseñado,
donde todavía existan hombres como yo.
Creo que lancé ese desafío esperando que se me
negase tal posibilidad. Pero, ante mi sorpresa,
Nebogipfel se acercó a mí.
—No exactamente como usted —dijo—. Aun así...
venga.
Y echó a andar por el inmenso y poblado plano.
Pensé que sus palabras finales habían sido algo
más que ominosas, pero no podía entender qué
quería decir y, de cualquier forma, no me quedaba
más elección que seguirle.
Llegamos a un área vacía de más o menos un
cuarto de milla de ancho. Ya hacía tiempo que
había perdido el sentido de la orientación dentro
de la inmensa ciudad‐cámara. Nebogipfel llevaba
sus gafas y yo las mías.
De pronto, sin previo aviso, un rayo de luz bajó
del techo y nos iluminó. Miré a la cálida luz
amarilla, y vi motas de polvo caer en cascada
desde el aire; por un momento pensé que había
vuelto a la Prisión de Luz.
Esperamos unos segundos —no pude ver que
Nebogipfel había dado una orden a las invisibles
máquinas que controlaban el lugar hasta que el
Suelo bajo mis pies dio una sacudida. Tropecé,
parecía un pequeño terremoto y fue inesperado;
pero me recuperé con rapidez.
—¿Qué fue eso?
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