Page 38 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Por otra parte, si el ciclo de las estaciones se
considera unidad fundamental, entonces
deberíamos inventar un Nuevo Día que fuese una
fracción exacta —digamos una centésima— de un
año. Eso significaría que nuestro periodo de
oscuridad y luz, de sueño y vigilia, caería en
momentos diferentes cada Nuevo Día. Pero ¿y
qué? Argumentaba que ya muchas ciudades
modernas operan las veinticuatro horas. Y por lo
que se refiere al lado humano, bastaría con llevar
un diario; con la ayuda de registros adecuados
uno podría planear sus momentos de sueño y
vigilia con unos Nuevos Días de antelación.
Finalmente propuse que deberíamos mirar hacia
delante, cuando la conciencia del hombre se
liberase de su foco decimonónico en el aquí‐y‐
ahora, y considerásemos cómo podrían ser las
cosas cuando nuestro pensamiento se ocupara de
decenas de milenios. Imaginaba un nuevo
Calendario Cosmológico, basado en la precesión
de los equinoccios —la inclinación lenta del eje de
nuestro planeta bajo la influencia gravitatoria del
Sol y la Luna—, un ciclo que tarda veinte milenios
en completarse. Con un Gran Año de ese tipo
podríamos medir nuestro destino en términos
precisos y sin ambigüedades, por ahora y para
siempre.
Rectificaciones de ese tipo, decía, tendrían un
valor simbólico más importante que el práctico:
sería la forma perfecta de celebrar la llegada del
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