Page 39 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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nuevo siglo, ya que serviría para anunciar a todos
los hombres que una nueva Era de Pensamiento
Científico había comenzado.
No tengo que decir que mis contribuciones fueron
ignoradas, si exceptuamos una respuesta obscena,
que decidí ignorar, en una sección de la prensa
popular.
De cualquier forma, después de eso abandoné
todo intento de construir medidores cronométricos
sujetos al calendario, y opté por contar
simplemente los días. Siempre he sido bueno con
los números, y no me era difícil convertir
mentalmente el recuento de días a años. En mi
primera expedición, había viajado al día
292.495.934, que —ajustando los años bisiestos—
resultaba ser el año 802.701 después de Cristo.
Nuevamente debía viajar por tanto hasta que los
indicadores señalasen el día 292.495.940: ¡el día
exacto en que había perdido a Weena, y gran parte
de mi autoestima, entre la llamas del bosque!
Mi casa había estado situada en una hilera de
terrazas situada en Petersham Road, la parte bajo
Hill Rise, por encima del río. Me encontré, una vez
que la casa había sido derribada, a la intemperie a
un lado de la colina. El rellano de Richmond Hill
se levantaba a mis espaldas; una masa incrustada
en el tiempo geológico. Los árboles florecían y se
convertían en tocones en cuanto sus vidas de
siglos transcurrían en unos pocos latidos de mi
corazón. El Támesis se había convertido en un
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