Page 34 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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producidos por la fuerza centrífuga y de Coriolis,
que te hacían sentir como si te salieses de la
máquina.
Por todas esas razones, el giro inducido por la
plattnerita era de un tipo diferente al de una
peonza, o al de la lenta revolución de la Tierra. La
sensación de girar se contradecía por completo,
desde el punto de vista del conductor, con la
impresión de estar quieto sobre el asiento, a
medida que el tiempo dejaba atrás la máquina,
porque se trataba de una rotación del Espacio y el
Tiempo en sí mismos.
A medida que las noches sucedían a los días, la
forma nebulosa del laboratorio desapareció y me
encontré en espacio abierto. Una vez más recorría
el periodo del futuro en el que, suponía, el
laboratorio había sido derribado. El Sol volaba por
el cielo como una bala de cañón, múltiples días
condensados en un minuto, iluminando un pálido
y esquelético andamio a mi alrededor. El andamio
desapareció pronto, dejándome al descubierto al
lado de la colina.
Mi velocidad en el tiempo se incrementó. El
parpadeo de noches y días se combinó en un azul
profundo, y pude ver la Luna, girando en sus fases
como la peonza de un niño. Y a medida que
viajaba más rápido, la bola de cañón del Sol se
transformó en un arco de luz, un arco que se
elevaba y cruzaba todo el cielo. A mi alrededor, el
clima oscilaba, y las ráfagas de nieve invernal y
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