Page 40 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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cinturón de luz argentina, suavizado por mi paso a
través del tiempo, y labrábase un nuevo cauce:
parecía retorcerse por el paisaje como un gusano
inmenso y paciente. Nuevas edificaciones se
elevaban impetuosas: algunas incluso estallaban a
mi alrededor, allí donde se había levantado mi
casa. Aquellos edificios me sorprendieron por sus
dimensiones y gracia. El puente de Richmond de
mis días había desaparecido hacía tiempo, pero vi
un nuevo arco, quizá de una milla de longitud,
que formaba un lazo, sin ningún soporte, en el aire
y a través del Támesis; y había torres disparadas al
cielo inconstante, soportando masas inmensas en
sus gargantas esbeltas. Consideré la idea de
utilizar la Kodak a intentar fotografiar aquellos
fantasmas, pero sabía que los espectros carecían de
luz suficiente, difuminados como estaban por el
viaje en el tiempo. Las tecnologías arquitectónicas
que allí vi me parecían tan alejadas de las
posibilidades del siglo diecinueve como remota
era una catedral gótica para los romanos o los
griegos. Con seguridad, supuse, en ese futuro el
hombre habría ganado algo de libertad frente al
inexorable tirón de la gravedad; ¿de qué otra
forma podrían haberse elevado esas formas contra
el cielo?
Pero no tardó el gran arco del Támesis en
mancharse de marrón y verde, los colores de la
vida destructiva a irreverente, y —en lo que me
pareció un parpadeo— el arco se desplomó por su
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