Page 41 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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centro, convirtiéndose en dos troncos a cada orilla.
Como toda obra humana, comprendí, incluso
aquellas estructuras colosales eran quimeras
pasajeras, destinadas a la caducidad frente a la
paciencia inmemorial de la tierra.
Me sentí extrañamente ajeno al mundo, un
distanciamiento producido por el viaje en el
tiempo. Recordé la curiosidad y la emoción que
sentí al penetrar por primera vez por entre esos
sueños de arquitecturas futuras; recordé mi breve
y febril especulación a propósito de los logros de
aquella futura raza de hombres. Esta vez sabía la
verdad; sabía que a pesar de esos logros increíbles,
la humanidad caería inevitablemente, bajo la
presión inexorable de la evolución, en la
decadencia y la degradación de Elois y Morlocks.
Me di cuenta de lo ignorantes que somos, o nos
hacemos, las personas con el paso del tiempo.
¡Cuán breves son nuestras vidas!, y qué pequeños
son los males que nos afligen cuando los vemos
con la perspectiva del curso de la historia. Somos
menos que moscas, desamparados frente a las
fuerzas inmisericordes de la geología y la
evolución; unas fuerzas que se mueven
imparables, pero con tal lentitud que, día a día, no
somos conscientes de su existencia.
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