Page 67 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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No soy biólogo, pero me parecía evidente que la
presencia de una fuente de calor y aire húmedo
debería atraer la vida, en aquel mundo convertido
en un desierto, de la misma forma que había
atraído a ese cangrejo granjero y a su cosecha de
líquenes. Supuse que el calor debía de provenir del
interior de la Tierra, cuya actividad volcánica,
evidente en nuestros propios días, no se había
reducido significativamente en los pasados
seiscientos mil años. Y quizá la humedad provenía
de un acuífero que todavía existía bajo el suelo.
Debía de ser, pensé, que la superficie del planeta
estaba llena de cúpulas y pozos como áquél. Pero
su propósito no era permitir la entrada al mundo
interior de los Morlocks —como en aquella otra
historia— sino liberar los recursos intrínsecos de la
Tierra para calentar y humedecer el planeta sin
Sol; y la vida que había sobrevivido a la
monstruosa ingeniería que había presenciado se
congregaba ahora alrededor de aquellas fuentes de
calor y humedad.
Mi confianza se incrementaba —entender algo de
todo aquello era un tónico poderoso para mi valor,
y después de la falsa alarma del cangrejo no tenía
sensación de peligro— y me senté nuevamente al
borde del pozo. Tenía mi pipa y algo de tabaco en
un bolsillo; llené la cazoleta y la encendí. Comencé
a especular sobre la forma en que esa historia
difería de la primera que había visto.
Evidentemente había algunos hechos paralelos —
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