Page 62 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
P. 62
y los trozos de alcanfor. Con impaciencia coloqué
esos elementos en los recovecos de la Máquina del
Tiempo. Luego recorrí la máquina con cerillas
encendidas hasta que cada trozo o vela estaba
ardiendo.
Me aparté de mi obra con algo de orgullo. Las
llamas de las velas se reflejaban en el níquel y el
cobre, por lo que la Máquina del Tiempo parecía
un adorno de Navidad. En esa oscuridad, y con la
máquina situada en un lado desnudo de la colina,
podría ver mi faro desde una distancia adecuada.
Con suerte, las llamas alejarían a los Morlocks y, si
no, vería inmediatamente la reducción de la
iluminación y podría volver de inmediato para
unirme a la batalla.
Jugueteé con el mango del atizador. Creo que una
parte de mí deseaba ese desenlace; ¡sentía un
hormigueo en manos y brazos al pensar en la rara
y suave sensación de sentir el puño hundirse en la
cara de un Morlock!
De cualquier forma, ahora estaba preparado para
la expedición. Cogí la Kodak, encendí una
pequeña lámpara de aceite y caminé por la colina,
deteniéndome cada pocos pasos para asegurarme
de que la Máquina del Tiempo permanecía
tranquila.
62

