Page 65 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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parpadeó, como en una gran corriente, y en un
breve momento de temor ante la idea de
enfrentarme a la oscuridad, la aparté.
Metí la cabeza bajo la cúpula y me incliné sobre el
borde del pozo, y un golpe de aire cálido y
húmedo me recibió —fue como abrir la puerta de
un baño turco—, algo inesperado en aquella noche
calurosa y árida del futuro. Tenía la impresión de
que era muy profundo, e imagine que mis ojos,
adaptados ya a la oscuridad, podían distinguir un
resplandor rojo.
A pesar de su aspecto, no se parecía en nada a los
pozos de los primeros Morlocks. No podía ver
ningún gancho de metal a los lados, los que
usaban para trepar, y todavía seguía sin detectar el
ruido de las máquinas que había oído antes; y
además, tenía la impresión extraña a imposible de
probar de que ese pozo era mucho más profundo
que las cavernas de aquellos otros Morlocks.
Por capricho, saqué la Kodak y preparé el flash.
Llené el hueco de la lámpara con blitzlichtpulver,
levanté la cámara a inundé el pozo con luz de
magnesio. Su reflejo me deslumbró, y era un brillo
tan intenso que posiblemente no se había visto
sobre la Tierra desde el momento en que el Sol
había quedado cubierto, cien mil años antes o más.
¡Al menos eso habría asustado a los Morlocks! Y
comencé a preparar un esquema defensivo según
el cual conectaría el flash a la Máquina del
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