Page 63 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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EL POZO
Levanté la lámpara, pero su brillo sólo alcanzaba
unos pocos pies. Todo estaba en silencio; no había
ni un soplo de aire, ni ningún ruido de agua, y me
pregunté si el Támesis seguía fluyendo. A falta de
un destino definido, decidí dirigirme hacia el
lugar, donde estaba el gran salón comedor en la
época de Weena. Se encontraba a poca distancia
hacia el noroeste, por la colina más allá de la
esfinge, y ése fue el camino que seguí una vez más,
reflejando en el espacio, aunque no en el tiempo,
mi primer paseo en el mundo de Weena.
Recordé que cuando realicé ese viaje por última
vez había hierba bajo mis pies, sin ser atendida,
pero que crecía exacta, corta y libre de hierbajos.
Ahora, mis botas empujaban la arena suave al
caminar por la colina.
Mi visión se estaba adaptando a aquella noche
escasa en estrellas, pero, aunque había edificios —
sus siluetas se recortaban contra el cielo— no vi
ninguna señal del salón. Lo recordaba
perfectamente: había sido un edificio gris,
deteriorado y vasto, de piedra desgastada, con una
entrada tallada y adornada; y al entrar por su arco,
los pequeños Elois, delicados y hermosos, habían
revoloteado a mi alrededor con sus miembros
pálidos y sus túnicas suaves.
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