Page 76 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
P. 76
alguna sustancia absorbente; en cualquier caso, no
podía conocer la distancia.
No había ni rastro de la Máquina del Tiempo.
Sentí un terror profundo y peculiar: sobre la
superficie de vidrio me sentía desnudo y expuesto,
sin un sitio para protegerme ni una esquina para
hacerme fuerte.
Me acerqué a las bandejas. Miré los contenedores
y abrí las tapas:
había un gran cubo vacío y una taza con lo que
parecía agua clara. En el último plato había
tabletas del tamaño de puños que supuse sería
comida, pero comida convertida en trozos
amarillos, verdes o rojos, de forma que su origen
era irreconocible. Palpé la comida con un dedo:
estaba fría y era suave, parecida al queso. No
había comido nada desde que Mrs. Watchets me
sirvió el desayuno; hacía ya muchas horas
frenéticas, y sentía ya una creciente presión en mi
vejiga: presión que, suponía, debía aliviarse con el
cubo. No veía razón por la que los Morlocks
habiéndome mantenido vivo todo este tiempo
fuesen a envenenarme, pero aun así no me sentía
inclinado a aceptar su hospitalidad, ¡y menos aún
a perder mi dignidad empleando el cubo!
Así que caminé alrededor de las bandejas, y
alrededor del círculo de luz, husmeando como un
animal que sospechase una trampa. Incluso cogí
los recipientes y las bandejas, para ver si podían
servirme de armas —quizá pudiese fabricarme un
76

