Page 79 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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de clemencia o libertad; y golpeé con el puño
sobre el suelo plano, sin resultado. Lloré y corrí, ¡y
me maldije por mi estupidez sin parangón —
habiendo escapado una vez de manos de los
Morlock— al haber regresado a la misma trampa!
Al final debí de chillar como un niño frustrado,
agoté todas mis fuerzas, y me hundí en la
oscuridad del suelo, exhausto.
Creo que dormí un poco. Cuando desperté, nada
había cambiado. Me puse en pie. Mi furia y mi
arrebato se habían desvanecido y, aunque nunca
me había sentido tan desolado en toda la vida,
tomé en cuenta las necesidades simples de mi
cuerpo: hambre y sed las primeras.
Volví, agotado, al cono de luz. La presión en la
vejiga se había incrementado. Con resignación
cogí el cubo que me habían dado, penetré un poco
en la oscuridad —por recato, ya que sabía que los
Morlocks estarían observándome— y cuando
terminé lo dejé allí, lejos de mi vista.
Examiné la comida de los Morlocks. Era una
visión triste: no parecía más apetitosa que antes,
pero yo seguía igualmente hambriento. Levanté el
tazón de agua —tenía el tamaño de un tazón de
sopa— y me lo llevé a los labios. No era una
bebida agradable —tibia y sin sabor, como si le
hubiesen quitado todos los minerales— pero
estaba limpia y me refrescó la boca. Saboreé el
líquido en la lengua durante unos segundos,
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