Page 77 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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cuchillo—, pero las bandejas estaban hechas de un
material plateado, parecido al aluminio, tan
delgado y débil que podía arrugarlo con las
manos. Atacar así a un Morlock sería como hacerlo
con un hoja de papel.
Me sorprendió que aquellos Morlocks se
comportasen con tanta amabilidad. No les hubiese
costado nada acabar conmigo mientras estaba
inconsciente, pero habían retenido sus brutas
manos, e incluso, con sorprendente habilidad,
parecía que habían intentado limpiarme.
Por supuesto, me parecía sospechoso. ¿Con qué
intención me habían mantenido con vida?
¿Pretendían sonsacarme —con métodos
horribles— el secreto de la Máquina del Tiempo?
Me aparté deliberadamente de la comida y salí del
anillo de luz hacia la oscuridad exterior. Mi
corazón martilleaba; nada tangible me impedía
abandonar la zona iluminada, pero mis temores y
mis deseos de luz me obligaban a permanecer allí.
Finalmente elegí una dirección al azar y caminé en
la oscuridad con los brazos a los lados preparados
para atacar. Conté los pasos: ocho, nueve, diez... Bajo
mis pies podía ver las estrellas, ahora más visibles
al estar fuera del cono de luz, formando un
hemisferio lleno de ellas; me sentí nuevamente
como si estuviese en el techo de un planetario. Me
volví y miré hacia atrás; allí estaba el pilar de luz
polvorienta que se elevaba al infinito, y los platos
y la comida en su base sobre el suelo desnudo.
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