Page 136 - Hijos del dios binario - David B Gil
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blanco y su expresión era vacua, casi una máscara
ritual. Sus puños cobraron vida, levantó la guardia
y el saco de arena se estremeció con el primer
puñetazo. El pesado balanceo fue interrumpido por
un segundo golpe, y luego otro más. Una cadencia
acompasada que marcaba el ritmo de un baile
suave y honesto en el que ninguno de los dos se
guardaba nada para sí.
Así lo descubrió Eva, inmerso en su mantra de
fintas y puñetazos, justo donde sabía que lo
encontraría tras su visita a la sala de los espejos.
Cada uno tenía su manera de enfrentarse al
momento después, y sabía que aquella era la de él.
La muchacha se quedó en la entrada del gimnasio
desierto, el silencio barrido por la obstinada
sucesión de golpes, por el tintineo de la cadena al
sacudirse, por el chirrido de las zapatillas sobre el
parqué. Las luces de neón solo alumbraban la
mitad de la sala donde Nicholas se entrenaba,
enmarcándolo en una imagen que olía a sudor,
rabia y esfuerzo.
Ella esperó al margen de la fotografía, en la
penumbra junto al umbral, hasta que Nicholas,
agotado, debió bajar los puños y se abrazó al saco
para detener su balanceo. Por fin se inclinó sobre sí
mismo sin resuello, la piel ardiendo en sudor.
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