Page 20 - Hijos del dios binario - David B Gil
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partir de las doce de la noche. Pese a ello, intentó
recrearse en ese instante: contemplar la luna llena,
tan perfecta que esa noche parecía trazada con
compás; deleitarse con el sabor del tabaco;
empaparse del aroma de Nueva Delhi, una de las
ciudades más honestas que había conocido, de las
pocas que te muestran toda su miseria sin
ambages... Pero fracasó en su intento de perderse
en los detalles: se encontraba incómodo,
desconectado de cualquier sitio en el que
permaneciera más de un minuto. Parecía que de
nuevo le había dado alcance aquel desasosiego que
llevaba meses persiguiéndolo. «Así que ya está
bien de viajar —pensó—, ya basta de hoteles y
aeropuertos». Si no podía huir de la angustia
existencial, se retiraría a terreno conocido para
hacer frente a tan persistente enemigo. Al día
siguiente volvería a Charleroi, al refugio de su
padre, se tomaría unas largas vacaciones para
reencontrarse consigo mismo y entonces, quizás,
decidir qué iba a hacer con el resto de su vida.
Dejó el cigarrillo en un cenicero, se quitó la
chaqueta y regresó al interior. Obvió el ascensor y
se dirigió hacia las escaleras. No tenía ganas de
dormir, pero tampoco pensaba pasarse toda la
noche en el bar del hotel, odiaba parecer un
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