Page 17 - Hijos del dios binario - David B Gil
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estrechándole la mano, y le fastidió descubrirse
desilusionada porque él no insistiera en conocerla
«algo mejor».
La noche hervía en los alrededores de
Connaught Place. Los edificios coloniales, de un
blanco desvaído, aparecían perforados por los
escaparates de las boutiques de moda; los estallidos
de combustión de ciclomotores cien veces
remendados se mezclaban con el zumbido eléctrico
de los coches coreanos, y en la humedad del asfalto
reverberaban luminosos en japonés anunciando
bares de sushi en pleno corazón de Nueva Delhi.
«Por fin lo han conseguido —se lamentó—, han
convertido cada rincón del mundo en una mala
fotocopia». Avanzó entre el despreocupado gentío
con las manos en los bolsillos y el cigarro
consumiéndose en los labios. No le interesaba lo
que la vida pudiera ofrecerle aquella noche, no
pensaba entrar en ningún tugurio ni devolver
ninguna mirada, tan solo le apetecía caminar un
rato antes de irse a dormir.
De regreso al Lilat Hotel se cruzó con un grupo
de chicas vestidas con ropa de firmas europeas. Le
sonrieron con no poco descaro, alguna incluso llegó
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