Page 15 - Hijos del dios binario - David B Gil
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más que desear.
—Señor Adelbert...
—Está bien —suspiró—. He intentado librarla
de la monotonía habitual de estos viajes de
negocio. Vayamos a lo aburrido.
Puso sobre la mesa un maletín e hizo saltar los
cierres. De su interior extrajo un pequeño bulto
envuelto en lino blanco y un cartapacio de plástico
negro, como los usados para los informes
confidenciales.
—Aquí lo tiene. El objeto prospectado y el
informe de autenticidad.
Ella apartó el paño con cuidado; envolvía unas
gafas redondas de montura dorada. Usó el lienzo
para sujetarlas y las examinó minuciosamente.
Cuando se dio por satisfecha, volvió a cubrirlas y
comenzó a hojear el dosier. El informe de
prospección estaba compuesto por documentos
originales de más de un siglo de antigüedad.
Martina pasó los dedos sobre las fotos descoloridas
y sobre la tinta impresa, incluso podía percibir las
muescas que había dejado en el papel la máquina
de escribir. Sus ojos expertos se deslizaron sobre el
texto, corroboró que el fabricante de las gafas era
un oculista de Natal, en Sudáfrica, tal como
figuraba en el pequeño sello grabado en el interior
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