Page 19 - Hijos del dios binario - David B Gil
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rebelarse  contra  las  convenciones.  Sería  tan


           previsible como fuera necesario.


                  La  copa  se  encontraba  casi  vacía  cuando  una


           camarera se acercó hasta él.



                  —Un caballero desea invitarle a una copa en el


           reservado. Me ha pedido que le entregue su tarjeta.


                  Adelbert, como despertado de una ensoñación,


           miró  a  la  chica  durante  un  instante  antes  de


           reaccionar. Observó la tarjeta que le ofrecía en una


           pequeña  bandeja  de  plata  y  la  tomó  para  leer  el


           nombre:  «Solomon  Denga.  Inacorp.»,  sin  cargo



           dentro de la empresa, número de teléfono o nota al


           dorso.  Levantó  la  vista  para  contemplar,  al  otro


           lado del amplio salón de estilo victoriano, la puerta


           cerrada  del  reservado  que  le  había  indicado  la


           camarera. Volvió a dejar la tarjeta en la bandeja con


           una sonrisa cansada.


                  —Dígale  al  caballero  que  esta  noche  no  va  a


           tener  suerte.  —Y  se  volvió  hacia  su  copa  de


           Macallan. Apuró el último trago y salió a una de las



           terrazas del hotel.


                  La noche era cálida e invitaba a fumar, un vicio


           que  solo  se  permitía  cuando  estaba  de  viaje,  y


           sonrió ante aquella broma personal.


                  El lugar se encontraba desierto, invadido de esa


           soledad desnaturalizada que reina en los hoteles a




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