Page 209 - Hijos del dios binario - David B Gil
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molestará menos; además, no tenemos a casi nadie
arriba, tendrás el baño prácticamente para ti sola».
Alicia recogió las llaves y subió hasta la tercera
planta levantando la maleta a pulso. Los peldaños
crujían bajo la moqueta, el papel de la pared olía a
humedad y las luces amarillentas de los pasillos
creaban una atmósfera insalubre. «¿Qué esperabas
por treinta y cinco libras la noche?», se reprochó,
mientras tiraba de la maleta. Sin embargo, cuando
abrió la puerta de su habitación, la perspectiva
mejoró hasta cierto punto: el dormitorio estaba
limpio y gozaba de espacio, y al liberar las
contraventanas la luz penetró hasta el fondo de la
estancia y dejó al descubierto una vista casi idílica.
Enniskillen estaba enclavada en una pradera de un
verde inmemorial, salpicada de pequeños bosques
y lenguas de agua que corrían de un lago a otro
desmembrando el paisaje. Desde allí se apreciaba
perfectamente cómo la pequeña ciudad estaba
atravesada por estos dedos fluviales, muchos de los
cuales iban a desembocar en Lower Loch Erne, el
inmenso lago que se extendía al norte de
Enniskillen, y cuyas aguas destellaban serenas bajo
un sol atemperado por las nubes.
Colocó su parco equipaje en el armario de la
habitación, se quitó el conjunto urbanita con el que
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