Page 212 - Hijos del dios binario - David B Gil
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senda hacia su destino. Continuó rodando por un


           firme  cada  vez  en  peor  estado  y  la  carretera  se


           adentró en un bosque de robles tan espeso que los


           faros  se  activaron;  finalmente,  al  cabo  de  diez



           minutos, la arboleda se abrió y pudo ver los muros


           de St. Martha.


                  El  colegio  era  una  inmensa  estructura


           enclavada en medio de la nada, un islote rodeado


           por miles de acres de campiña y arboleda. Debía de


           haber sufrido numerosas reformas y ampliaciones,


           pero el largo edificio de dos alas que asomaba por



           encima del muro exterior aún conservaba algo del


           estilo  barroco  que  habían  querido  darle  los


           arquitectos jesuitas.


                  Aparcó el coche a un lado del camino y cruzó la


           explanada  que  precedía  a  la  entrada.  Un  enorme


           portón de hierro de dos hojas, tan selladas que bien


           podrían  haber  estado  soldadas  la  una  a  la  otra,


           cerraba  el  paso  y  cegaba  la  vista  del  interior.


           Mientras  caminaba  comenzó  a  caer  una  fina



           llovizna que le salpicó el rostro y la ropa, pero aún


           era  demasiado  leve  como  para  recurrir  al


           chubasquero.  El  suelo  de  tierra  y  gravilla  crujía


           bajo  las  gruesas  suelas  de  sus  botas  y,  según  se


           aproximaba, Alicia pudo reparar en otros detalles,


           como el aspecto macizo del muro de ladrillos que




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