Page 242 - Hijos del dios binario - David B Gil
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Aquello le hizo pensar de nuevo en las razones de
que siguiera con vida, cuando lo más lógico es que
hubieran acabado con él. Juró, no obstante, que no
les daría otra oportunidad: iría a la reunión y tanto
si su nuevo contacto aparecía como si no,
desaparecería de allí, no volverían a verlo.
Por último, en el desdibujado umbral de la
vigilia, algunos pensamientos se arremolinaron
arrastrados por un viento lejano, imágenes que solo
acudían a él en sueños: ráfagas de una gran sala
vacía, un espacio inmenso y extraño, carente de
sentido, donde se esparcían por el suelo muñecos
de peluche, puzles desmoronados y otros juguetes.
Las paredes eran de colores vivos y sobre ellas
habían pintado campos de sonrientes girasoles y
un cielo azul con nubes. Parecía un lugar tranquilo
y acogedor, pero de algún modo él sabía que
aquello no era cierto, se lo decía el vello erizado de
la nuca, el olor aséptico que se deslizaba en el aire.
Hileras e hileras de camas cubiertas con bordados
de mariposas, arcoíris y mullidos corazones
reposaban tranquilas en la penumbra, vacías a la
espera de sus inquilinos, y solo una estaba
ocupada: la suya. Yacía con los ojos entreabiertos,
hecho un ovillo bajo las sábanas, y contemplaba el
mundo hueco que lo rodeaba mientras el sueño le
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