Page 239 - Hijos del dios binario - David B Gil
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señaló con quirúrgica precisión cada uno de los
cortes y heridas abiertas. El dolor sordo, incisivo,
en el costado izquierdo y en uno de los pómulos le
indicó los lugares en los que probablemente
necesitaría puntos. Levantó la cabeza para mirarse
en el espejo de la ducha y se descubrió con el rostro
desfigurado por la inflamación. Sí, su aspecto era
tan malo como se temía, no le sorprendía que le
hubiera costado tanto convencer a la recepcionista
de que no avisara a la policía. «Ha sido una
discusión entre borrachos —dijo—. Tendría que ver
cómo han quedado los otros». Pero si aquello había
intentado ser algún tipo de chiste, la empleada del
hotel no le encontró la gracia. Insistió en llamar al
menos a urgencias, pero Daniel le dijo que él era
médico y que sabría tratarse las heridas. En eso no
le había mentido.
Salió de la ducha sin fuerzas ni siquiera para
secarse. Empapado en agua caliente, avanzó
encorvado, apoyándose con la mano en la
superficie más próxima, hasta alcanzar el armario.
Abrió el cierre codificado con su huella y sacó de su
maleta una bolsa blanca de primeros auxilios.
¿Cuánto tiempo hacía que no recurría a ella?
Probablemente desde que comenzó a trabajar para
Rosesthein; en los últimos años su vida se había
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