Page 28 - Hijos del dios binario - David B Gil
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que  en  tantos  aspectos  de  su  día  a  día  debía


           convivir  con  el  orden  y  la  asepsia,  sabía  apreciar


           aquel lugar por lo que verdaderamente era: vida en


           estado puro, una entropía de estímulos que le hacía



           sentirse vivo.


                  Mientras  caminaba  entre  la  multitud,  con  el


           bolsillo interior de su chaqueta bien cerrado, sonrió


           de placer anticipando el momento de descubrir una


           nueva            librería,            un         santuario               escondido                y


           consagrado  a  un  arte  obsoleto.  Fue  un  cartel


           desvencijado  el  que  le  indicó  que  debía  bajar  por



           unas angostas escaleras. Los peldaños, desgastados


           por las pisadas de miles de feligreses de la tinta y el


           papel, desembocaban en una puerta de madera con


           incrustaciones doradas. Recordaba haber visto una


           foto de aquella misma puerta en una de las webs


           especializadas en cultura impresa. Antes de entrar,


           leyó  en  una  placa  ennegrecida:  «Radheshyam


           Books Repository». Abrió la puerta y pasó dentro,


           acompañado del alegre tintineo de una campanilla.



                  La  librería  era  un  profundo  corredor  dividido


           en dos pasillos por una estantería que lo recorría a


           todo  lo  largo.  Las  paredes,  al  igual  que  los


           anaqueles  centrales,  estaban  cubiertas  hasta  el


           techo  de  libros  que  se  apiñaban  en  aparente


           desorden, a punto de precipitarse sobre el visitante.




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