Page 32 - Hijos del dios binario - David B Gil
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—No acepto libros robados.
—¿Qué? No es robado.
—Es de una biblioteca francesa —dijo el
anciano, mientras le mostraba un sello estampado
en una de las primeras páginas, en el que se leía
«Ville de Thuin Bibliothèque».
—No es robado, es comprado —señaló
Adelbert, intentando no mostrarse ofendido—. Y
no es francesa, sino belga.
—Francesa o belga, nunca he sabido de una
biblioteca que venda libros.
—La biblioteca cerró hace once años, pensaban
destruir la mayor parte de su fondo, yo aproveché
y compré unos cuantos ejemplares.
—¿Destruir los libros? —preguntó el librero,
mientras volvía a observar el sello—. Una cosa es
que dejen de imprimirlos y otra, que los destruyan.
—Como ve, este libro tiene su propia vida. Solo
estoy dispuesto a desprenderme de él porque tengo
otras dos ediciones similares.
—La realidad siempre supera a la ficción, ¿no
es lo que dicen?
—O, por lo menos, la iguala sin dificultad —
corroboró Daniel.
—Muy bien, me lo quedo. Serán el señor
Bradbury y cincuenta dólares americanos.
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