Page 39 - Hijos del dios binario - David B Gil
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como dormitorio; el vuelo se prevé tranquilo, así
que no creo que tenga problemas para conciliar el
sueño.
Daniel asintió y ella se despidió sin más
explicaciones. Una vez solo, se dirigió a la cabina
del pasaje: un gran salón enmoquetado con paredes
cilíndricas forradas en madera. A un lado había
ventanillas circulares como las de cualquier
aeronave, pero la pared opuesta presentaba un
enorme ventanal que comenzaba casi a ras de
suelo. Daniel se dijo que, una vez en el aire, debía
resultar bastante inquietante.
Cruzó la estancia y se dejó caer en uno de los
butacones del fondo. El cuero crujió al adoptar la
forma de su cuerpo y el avión comenzó a moverse.
Fue un despegue suave y progresivo, sin la
brusquedad de los vuelos comerciales con poco
espacio para ganar altura.
Cuando el aparato se estabilizó, respiró hondo
y trató de relajarse. Se sentía arrastrado hacia un
destino incierto, pero intentó convencerse de que
no había tenido más remedio. No podía rechazar
una propuesta de reunión del propio Ludwig
Rosesthein, al fin y al cabo, aquel hombre había
sido su principal fuente de ingresos durante los
últimos años.
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