Page 34 - Hijos del dios binario - David B Gil
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luces led o los sofás de cuero y plástico. Hacía
tiempo, no obstante, que Daniel no reparaba en
tales detalles. Los hoteles de cinco estrellas habían
terminado por convertirse en una sucesión de
lugares anodinos y carentes de encanto, por lo que
intentaba pasar en ellos el tiempo imprescindible.
Antes de salir hacia Main Bazaar lo había
dejado todo dispuesto para solo tener que recoger
su equipaje en consigna y pagar la factura antes de
dirigirse al aeropuerto. Sin embargo, según se
aproximaba al mostrador de recepción, una mujer
se levantó de uno de los asientos del recibidor y se
encaminó directamente hacia él.
—Señor Adelbert —lo saludó tendiéndole la
mano—, mi nombre es Clarice, el señor Rosesthein
me ha pedido que le acompañe durante el viaje.
Al estrecharle la mano, Daniel consiguió
apartar la vista de la infinita longitud de sus
piernas. La joven calzaba zapatos de tacón, ceñía
medias y una falda de traje por encima de las
rodillas; llevaba el pelo rubio corto, apenas
cubriéndole la nuca, y la nota de color la daba la
cazadora de cuero marrón que vestía sobre la
camisa. Tanta sobriedad no hacía sino resaltar su
elegante belleza; ella lo sabía, por lo que Daniel se
obligó a mirarla a los ojos, ocultos tras unas
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