Page 36 - Hijos del dios binario - David B Gil
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pese a ser una figura determinante en el ámbito
económico, su nombre era completamente
desconocido para el gran público al no figurar en
ninguna de las populares listas de «hombres y
mujeres que gobiernan el mundo». Se encontraba
muy por encima de tales banalidades. Y aunque a
Daniel le constaba que Rosesthein siempre había
hecho un seguimiento directo de los encargos que
le realizaba, nunca había mantenido contacto con
él, ni en persona ni por cualquier otro medio.
—Está bien —aceptó Daniel—, déjeme pagar mi
estancia y recoger mi equipaje.
—No es necesario, ya nos hemos encargado de
eso. Su equipaje está en el coche que nos espera en
la puerta.
Salieron al jardín que servía de acceso al Lilat
Hotel y Clarice lo guio hasta un Mercedes
deportivo negro. Antes de entrar en el vehículo, se
enfundó unos guantes de cuero a juego con su
cazadora y le indicó a Daniel que se sentara en el
asiento libre. El motor comenzó a funcionar en
cuanto ella puso las manos sobre el volante; no
tenía intención de programar la navegación
automática.
—Dígame, Clarice, ¿conoce al señor Rosesthein
en persona?
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