Page 409 - Hijos del dios binario - David B Gil
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últimas series de sprint sobre la pista de suelo
blando. El esfuerzo fue gratificante y doloroso a un
tiempo; cuando el corazón le dijo que ya era
suficiente, se cerró hasta arriba la sudadera y
emprendió el camino de regreso a casa.
Cerró la puerta de la entrada con el pie y se
encaminó directamente a la cocina. Cogió una
botella de agua isotónica y, una vez en el salón,
encendió la televisión. El equipo le preguntó qué
contenidos quería ver, ella indicó el informativo del
medio día y se dejó caer en el sofá. No había
corrido en dos semanas y aquella carrera le había
pasado factura. Se quitó las zapatillas con la punta
de los pies, colocó los talones sobre la mesa de
centro (algo que tenía terminantemente prohibido a
su hija) y se dejó llevar por las imágenes del
palpitante muro de luz.
Al cabo de un rato, el timbre de la calle sonó
con estridencia y Alicia abrió los ojos sobresaltada.
Se había quedado dormida y el sistema domótico
había atenuado la iluminación y el volumen. Hizo
un gesto con la mano y en una esquina de la
televisión apareció el canal correspondiente a la
cámara del portal.
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