Page 412 - Hijos del dios binario - David B Gil
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todo cobrara un aire de irrealidad, creía correr por


           un sueño.


                  Cuando alcanzó las escaleras que subían hasta


           la  azotea,  comenzó  a  sentirse  bastante  ridícula.



           Aminoró  el  paso,  pero  no  se  decidió  a  detenerse.


           Continuó subiendo hasta encontrarse con la puerta


           de metal. Aquel último descansillo permanecía casi


           a oscuras, iluminado tan solo por una rojiza luz de


           seguridad  que  confería  a  la  atmósfera  cierta


           urgencia. Apoyó la mano sobre el metal frío de la


           puerta  y  aguantó  la  respiración,  tratando  de



           proyectar su oído. Abajo, muy abajo, escuchó cómo


           se abría una pesada puerta de entreplantas. Debía


           de ser un vecino que bajaba a tirar la basura, quiso


           tranquilizarse,                    pero            el        sonido               reverberó


           amplificado  por  el  hueco  de  las  escaleras  y  sus


           manos  la  sorprendieron  haciendo  saltar  las  llaves


           entre  los  dedos  e  intentando  acertar  con  la


           cerradura.


                  Consiguió encajar la llave en la pequeña ranura



           y el mecanismo saltó con un chasquido. Al instante


           se  encontró  al  otro  lado,  cerrando  la  puerta  con


           precipitación.  Y  ahora,  ¿qué?  ¿Cuánto  tardaría  en


           sentirse tan estúpida como para bajar las escaleras


           en  silencio,  esperando  que  ningún  vecino  hubiera


           reparado en sus alocadas carreras?




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