Page 410 - Hijos del dios binario - David B Gil
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—¿Señora  Alicia  Lagos?  —preguntó  desde  la


           calle  un  hombre  con  el  uniforme  marrón  de  un


           servicio de mensajería.


                  —Sí.



                  —Traigo flores para usted.


                  —¿Flores?  —preguntó  Alicia  con  extrañeza,  e


           inmediatamente  reparó  en  lo  triste  que  sonaba  su


           desconcierto—. ¿Quién las envía?


                  —No lo pone, señora, pero vienen con una nota


           cerrada.


                  Alicia le indicó al sistema que abriera la puerta.



                  «Flores», se repitió, intentando averiguar quién


           podía  ser  el  misterioso  remitente.  Quizás  Arturo


           quería  disculparse  por  su  breve  discusión  de


           aquella             mañana,                 ciertamente                  pocas            veces


           discutían...,  pero  ¿flores?  Era  tan  impropio  de  él.


           Entonces,  ¿quién?  ¿Javier?  Imposible,  no  le  había


           regalado  flores  ni  durante  su  matrimonio.


           ¿Claudio? Puede que Girard le hubiera comentado


           que estaba afectada por la muerte de Will y el viejo



           periodista  hubiera  querido  tener  un  detalle  con


           ella.  Tenía  que  ser  Claudio,  sobre  todo  porque,


           después  de  él,  no  quedaban  más  hombres  es  su


           lista.


                  Pero  poco  a  poco,  mientras  se  hacía  aquellas


           preguntas,  fue  acercándose  a  la  silla  donde  había




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